Hace unas semanas nos enteramos por el programa de Jaime Bayly en MEGA TV que se emite desde Miami del caso de “Pánfilo”, el cubano cuyo nombre real es Juan Carlos González Marco y que se convirtiera en la estrella de Internet a raíz de un vídeo colgado en YouTube en el cual se le veía reclamando que en Cuba lo que hacía falta era “jama” (”comida”), indicando que lo que en Cuba había era “tremenda hambre”.
El vídeo de referencia intentaba reflejar, a modo de documental, el movimiento de la música rap en la isla de Cuba, entrevistando al efecto a músicos locales, siendo que, durante una de las entrevistas, irrumpió ante las cámaras “Pánfilo”, en evidente estado de embriaguez, reclamando que “acá lo que necesitamos es jama. Hace falta comida que tenemos tremenda hambre”, un reclamo que no hubiera pasado de ser una anécdota simpática y humorística si no fuera por la realidad que encerraba y por las consecuencias que posteriormente traería al bueno de “Pánfilo”.
Efectivamente, “Pánfilo” fue condenado a 2 años de cárcel en un juicio a puerta cerrada por un delito de “desvinculación laboral” y “peligrosidad social pre delictiva” por el mero hecho de expresar su opinión ante las cámaras y con la excusa de su situación personal de desempleo y alcoholismo, algo que nos recuerda a otros tiempos en los que, en nuestro país, se aplicaba el cajón de sastre que era la llamada “Ley de Vagos y Maleantes” y que servía tanto para un roto como para un descosido al régimen franquista y así quitar de la circulación a cualquier persona que resultara molesta por los motivos que fuera. Qué tiempos aquéllos en los que las persecuciones políticas y sociales eran denunciadas por artistas, intelectuales y gentes de la cultura sin fisura alguna, algo totalmente alejado de la realidad actual.
Y es que parece que hoy día las persecuciones políticas, ideológicas y sociales no son valoradas y criticadas en la misma medida, críticas que dependerán de la ideología del régimen que las practique. Si las violaciones de Derechos Humanos se llevan a cabo en el seno de las democracias occidentales, no faltarán músicos, cineastas, escritores, filósofos e intelectuales que, justamente y con toda la razón, las criticarán, si bien, también es cierto, después de que ya hayan sido denunciadas previamente por algún medio de comunicación y los autores se encuentren ya ante los Tribunales. Sin embargo, si las violaciones de Derechos Humanos se producen en el seno de un país cercano ideológicamente a la “intelectualidad” (o también radicalmente opuesto en su ideología y postulados a las democracias occidentales, como podría ser el caso de Irán), no cabe ni la menor duda de que el silencio más absoluto será la respuesta de quienes no dudan, sin embargo, en poner en solfa cualquier situación injusta al amparo de la libertad ideológica y de conciencia que se reconoce por las Constituciones occidentales y de que carecen los nacionales de aquellos países que tantas simpatías levantan en la “intelectualidad” occidental.
El caso de “Pánfilo” no deja de ser paradigmático en este sentido, ya que si su residencia, en lugar de estar en Cuba, lo estuviera en los EE.UU., no cabe duda de que hubiera contado con la simpatía de quienes ven en aquel país la quintaesencia de todos los males de la humanidad, algo que no ha ocurrido con “Pánfilo”, quien, de paso, ha sido condenado a prisión por expresar su opinión (algo que, por cierto, no hubiera ocurrido en el “techado de maldad” que representan los EE.UU), si bien las autoridades del régimen cubano han sustituido, de forma “graciable”, la prisión por el internamiento en un psiquiátrico para su “reeducación”, como en los mejores tiempos del Soviet.
Sin embargo, “Pánfilo” vive en Cuba, donde expresar tu opinión resulta peligroso hasta el extremo de poder llevarte a prisión, aunque la manifiestes en estado de embriaguez, algo que parece no importar a quienes organizan conciertos “por la Paz” que sirven de aliento a regímenes como el castrista, en los que se encarcela y persigue a homosexuales, disidentes y a cualquiera que difiere un ápice de la “moral revolucionaria”, conciertos como el organizado por Juanes el 20 de septiembre en la Plaza de La Revolución de La Habana y que, sin duda, se puede considerar como un apoyo y un aliento para la dictadura castrista.
No entramos ni salimos en el derecho que tiene Juanes en actuar donde le plazca, al igual que Miguel Bosé y Víctor Manuel, dos de los artistas artífices de este concierto junto al colombiano. Sin embargo, resulta paradójico que estos artistas manifiesten sus opiniones y críticas a gobernates de países democráticos con un claro objetivo político y, por qué no, también económico, pero guarden el más absoluto silencio ante el atropello de los Derechos Humanos que constantemente se produce en países como Cuba, cuyas autoridades, sin duda alguna, van a aprovechar este concierto en su favor.
Desde luego que los cubanos tienen derecho a que Juanes actúe en Cuba, pero también lo tienen a que en la televisión cubana, por ejemplo, tenga un programa, cualquier persona crítica con el regimen castrista. Igualmente, los cubanos también tienen derecho a que no se encarcele a aquellos artistas, músicos e intelectuales que son críticos con la dictadura cubana, a los que, por cierto, Juanes no ha apoyado en ningún momento (salvo en el caso del cantante Gorki Águila, preso por la dictadura castrista, al que Juanes mostró un leve apoyo después, eso sí, de ser preguntado al respecto por un periodista; esto es, después de ser pillado desprevenido por el entrevistador), ni tampoco los demás participantes del macroconcierto de la Plaza de La Revolución de La Habana, ya que, en otro caso, jamás hubieran podido participar en el mismo.
No nos oponemos a iniciativas de este tipo, ni tampoco somos partidarios de conductas extremas como las de algunos sectores del exilio cubano en Miami. En este sentido, nos alineamos con la postura de significados representantes de la comunidad cubana en Miami, como es el caso de Gloria Estefan, quien ha deseado lo mejor para Juanes en su concierto en La Habana, deseando al tiempo que los cubanos disfruten de su música, pero recordándole también al cantante colombiano que ella, aunque quisiera, no podría actuar en Cuba.
Juanes, en cambio, sí tiene la posibilidad de actuar en Cuba, tal vez porque nunca ha manifestado condena alguna contra los desmanes del régimen castrista, y es ahí, precisamente, donde radica nuestra crítica. Sería una excelente oportunidad para Juanes y para la libertad en Cuba que el artista colombiano aprovechase este macroconcierto para pedirle a Raúl Castro lo que el grupo humorístico cubano en el exilio “Los Fonomemecos” le reclama al dirigente cubano en esta parodia de la canción de Juanes “A Dios le pido”, una parodia con una clara referencia al caso de “Pánfilo”. Una oportunidad que, sin embargo, creemos que Juanes dejará escapar, dando, en cambio, al régimen cubano otra excusa para, con la excusa de la tan manida “Paz”, seguir atropellando los Derechos Humanos.
Pinche aquí para ver el vídeo
Publicado el 19 de septiembre de 2009
Más Viaje Noticias 